Destino parte 2

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Es difícil cunado las personas se encuentran en una situación que desafía sus principios y la moral inculcada.

Isabel no entiende como pudo pasar, los sacerdotes no deben ser deseados. Poco a poco se fue alejando de la iglesia y del Padre Miguel, éste se dio cuenta de que algo no andaba bien, si se encontraba con ella por casualidad, Isabel ni siquiera le miraba.

El Padre Miguel decidió que no perdería a su cantante principal, indagaría en el corazón de Isabel de cualquier manera, sabía que no era cosa de religión , pues venía cada Domingo, algo pasó durante uno de los ensayos, fue a la tienda del padre con la excusa de comprar cualquier cosa, iba casi todos los días; Isabel lo evadía de cualquier manera, entonces lo supo, el problema era él.

El padre Antonio se encontraba de maravilla, incluso quería participar en la actividad de Nochebuena.- Seré el narrador, Miguel tú serás el director ¡Será una Navidad como nunca la ha visto este pueblo!

Los ensayos iban de maravilla, todos estaban entusiasmados, Miguel no tenía tiempo para abordar a Isabel, pero no dejaba de pensar que habría hecho él para causarle semejante disgusto. Entonces llegó 24 de diciembre y con el amanecer una carta para Miguel, se le anunciaba un nuevo traslado, estaban muy satisfechos con las labores realizadas y el aumento de feligreses, la salud del Padre Antonio era muy prometedora y pronto asignarían un convento para continuar llevando la enseñanza religiosa al pequeño pueblo.

– Padre Antonio, seré transferido de nuevo. será en Año Nuevo, justo después de la celebración. Pero antes de irme debo disculparme con Isabel
– ¿Isabel? ¿Qué le has hecho?
– No lo sé, pero fue un disgusto muy grande porque no me ha hablado desde hace un tiempo ya. Siempre estaba muy dispuesta, se había convertido en mi gran amiga y aliada, la verdad es que la he extrañado, pero no he querido invadir su espacio, esta noche aprovecharé para despedirme y disculparme.
– Mmmm… Quizás ese sea el problema Miguel, ella no es muy sociable, suele ser tímida y retraída; le gusta mantenerse escondida, sus padres se mantienen ocupados y no se fijan mucho en ella. Pero contigo todo fue diferente, la tomaste en cuenta, notabas todo lo que hacía y se lo agradecías, conversabas con ella. Las mujeres, sobre todo las jóvenes, son románticas y los detalles que hombres pocos sensibles no notan, son los que verdaderamente logran llegar al corazón de la dama más ruda. Padre Miguel, en mi opinión, Isabel se enamoró de Ud.

El Padre Miguel no sabía que decir, simplemente quedó en silencio, ciertamente Isabel era una chica distinta cuando estaba con él, también sabía que era un hombre atractivo y carismático (ya en el pasado había tenido malos entendidos de faldas debido a eso), pero Isabel era distinta; con las otras chicas se hacía un lado y se alejaba sin lamentar nada, con ella lamentaría el cariño que le tenía.- Bien pude haberme enamorado de ella, siendo mi profesión distinta, pero tengo la convicción total de mantenerme fiel en mi celibato, no me agradan las hipocresías ni las mentiras. Isabel así te parta el corazón en mil pedazos hablaré contigo esta noche. ¡ Perdóname Dios! Sé lo egoísta que soy.

El pesebre viviente fue todo un éxito  casi todos los habitantes del pueblo estaban presentes, por curiosidad, alegría, participar o criticar, sin embargo se vivió armonía y alegría.

– Para aquellos que sentían la Navidad como algo comercial, ¡He aquí una muestra de como se debe celebrar el cumpleaños del hijo de Dios! Compartiendo alegrías, siendo buenos con el prójimo y recordar este sentimiento durante el resto del año, hasta el próximo 24 de diciembre ¡ Feliz Navidad a todos!- Las palabras del Padre Antonio dejaron notar la gran alegría que sentía

El Padre Miguel no le quitaba la vista a Isabel, pero aun le faltaba coraje para enfrentarla. ¿Qué haría si ella confirmaba lo que el padre Antonio sospechaba?

– Feliz Navidad Padre Miguel.- Al voltearse miró el rostro de esa chica que tanto le preocupó, sonrío al darse cuenta que después de tanto pensarlo, fue ella quien se le acercó

– Feliz Navidad Isabel. ¿Cómo has estado? He querido hablar contigo. Me transfirieron de nuevo y me iré en una semana.

A Isabel le pasaron mil cosas por la mente, la que se detuvo fue “No lo volveré a ver jamás”, entonces dentro de ella hubo una transformación, toda ella se convirtió en valentía y atrevimiento; cerró los ojos y en un sólo movimiento logró lo que tanto anheló, estar entre sus brazos y tocar sus labios. – Adiós Miguel.-

Al Padre Miguel no le dio tiempo de reaccionar, pensar ni mucho menos responder la despedida o detener la huida,  ya tenía su respuesta, y sabía lo que tenía que hacer, entre los dos debía ponerse distancia geográfica, porque si bien Isabel no logró contenerse, con ese beso, Miguel notó que lo más seguro él tampoco tenga la voluntad. Al día siguiente se manifestó muy enfermo, ya después nadie lo volvió a ver.

Isabel recordaba con dulzura lo acontecido esa noche, nunca lo olvidaría, a pesar de su situación actual; iba camino a la India, logró ser parte de una grupo de monjas que irían a prestar servicios comunitarios en un pueblo sucumbido en la pobreza, ella no siguió los votos, sin embargo estaba muy cerca de ser monja, aunque había tenido pretendientes que lograron llamar la atención de su corazón, éste nunca pudo olvidar al hombre de sonrisa esperanzadora y ojos alegres, ya era una mujer mayor, su juventud se había desvanecido, pero la energía de ayudar seguían intactas.

Al llegar al pueblo (después de una trayecto indiscriptiblemente largo y tedioso) notó enseguida una carpa en donde estaban vacunando un grupo de médicos y enfermeras.

Se les acercó una mujer aparentemente oriunda de la India, pero con un buen español. – Por favor dejen sus cosas en esa camioneta y vengan a ayudar, más adelante están dos estaciones, una de comida y otra de ropas para la época fría, ¿Cual es la maleta de las donaciones?

– Las dos cajas grandes.- respondió una monja joven

– ¡Excelente!

– ¿A quien busco en la estación de las ropas?- Preguntó Isabel

– Al Sr. Romero, él le explicará la clasificación

Isabel y otras dos monjas se acercan a otra carpa llena de niños y mujeres.- ¡Sr. Romero!.- Grita Isabel por encima de la multitud, pero no consigue respuesta, una pareja joven las ayudan a ubicarse y seleccionar la ropa. la jornada se ve ocupada pero organizada, pronto la marea comienza a bajar, no han tenido tiempo de presentarse ni de mirarse los unos a los otros. al final, cuando la tarde cae, Isabel se sienta a observar el atardecer mientras espera a quien las llevará al lugar donde vivirán los próximos meses.

– Feliz Navidad Isabel.- Las palabras helaron el cuerpo de Isabel, incapaz de moverse siquiera; un hombre mayor (pasado los 50) se le ha acercado, aunque su aspecto es un poco distinto, su sonrisa y mirada eran las mismas.

– Te vi llegar y parecías un espejismo, te vi acercarte y gritar mi apellido ajena a quien buscabas, te vi sonreír y atajar tu cabello detrás de tu oreja izquierda, te observo desde entonces.

– ¡Padre Miguel, que coincidencia!

-Es grato volver a verte Isabel, pero quítame el “Padre”, sólo soy Miguel.

 

Dessi

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