Un Castillo sin título

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Hace algún tiempo vivían unos Reyes alegres y muy unidos entre sí; la Reina estaba embarazada y todos los súbditos esperaban con ansias la llegada del nuevo miembro familiar.

Al fin el día llegó, el bebé nació sin problemas he iluminó el hogar por completo.

Los reyes temían por la seguridad de la princesa y pasaron sus primeros años sin dejarla salir del castillo. Cuando la princesa ya tenía 7 años, decidió que iría a mirar el exterior a escondidas de sus padres, pidió permiso para ir al jardín,  como era muy extenso y espeso, logró escaparse de la vista a su mamá.

Caminó de puntillas, se arrastró por la grama, no se detuvo ante nada y muy discreta pasó cerca de los guardias que custodiaban la entrada, cerró los ojos y muy silenciosa caminó a escondidas hasta que logró alejarse de ese gran castillo, único mundo conocido para ella.

Se encontró con muchas personas, todos le hablaban y ofrecían cosas a cambio de dinero, había una gran fuente con más gente alrededor, le costaba respirar, todo era muy distinto, sofocante… ¡Había muchas cosas y personas alrededor!

La princesa se refugió en una esquina a llorar.- ¿Cómo pude pensar que aquí afuera era mejor?. Estaba triste, extrañaba la seguridad de su hogar y calidez de su mamá. De pronto una mano le toca el hombro, la princesa mira a su dirección asustada, una mujer con vestido blanco y mirada dulce es quien la toca.- Niña ¿Estás perdida? ¿Donde está tu mamá?

La princesa sólo movió la cabeza en señal de estar perdida y sin madre, la joven mujer le ofrece su casa como refugio, y la promesa de que mañana buscarían a su familia.

¿Cuál es tu nombre? pregunta la joven mujer, la niña en silencio.- El mío es Angela, continuó la joven mujer.

– Como un ángel– Pensó la niña.- El mío es Amanda, perdí el camino a casa.

Ésa noche Amanda durmió en una humilde casa, comió comidas sencillas; sin embargo sintió toda la calidez que sentía en un hogar, Angela realmente cuidaba de ella.

A la mañana siguiente salieron a recorrer el pueblo para encontrar el camino a casa de Amanda, cuando Angela le preguntaba como era su mamá (Quizás la conocía), Amanda siempre contestaba lo mismo:

– Es una persona muy dulce, siempre me protege y me cuida, me da muchos besos y huele a mamá.- Angela necesitaba saber más que eso, pero no lograba nada más.

Habían pasado ya varios días recorriendo el pueblo sin hallar pista alguna. Amanda descubrió algo maravilloso, éso que al principio le asustó, ahora le encantaba, siempre veía a otros niños jugar, adultos cantar, muchos sonreía, otros parecían enfadados (a esos no se les acercaba), corría entre las ovejas que se encontraban en la plaza, alimentó a las palomas que se posaban en la fuente y jugaba con los otros niños. Descubrió que el exterior es tan bueno como malo, sólo que eso lo decides tú, Angela decía antes de salir:

– Dios llénanos de optimismo, aleja de nosotros la amargura y las malas intenciones; Amanda si tienes fé en que algo se cumplirá, entonces así será, piensa en que hoy encontraremos a tu mamá.

Al Quinto día Amanda vío una carruaje, la emoción le embargó.- Angela ése es el carruaje del principe, vamos a seguirlo.- Angela muy incrédula le dijo: – Querida niña, ése es el Rey, no hay príncipes en este reino.

– Para tí y todos los demás será un Rey, pero para mí es el Príncipe, y yo su princesa. ¡Vamos a seguirlo!

Angela obedeció y siguieron al carruaje, ¡Por fin dieron con el castillo!.-  ¡Ese es mi hogar! ¡ven vamos! gritó emocionada Amanda.

Los guardias la vieron y la llevaron, a ambas, directamente con los Reyes. La Reina tenía días llena de tristeza, lloraban a todas horas; Amanda corrió a sus brazos y se refugió en ella, la Reina por primera vez en cinco días, se sintió completa; el Rey las rodeo a las dos en un solo abrazo, llenos de agradecimiento los Reyes no sabían como agradecerle a Angela el haber cuidado de su pequeña, Angela sólo respondió:

– Quisiera hacerle una pregunta a la princesa ¿Porqué nunca me dijo que su mamá era la Reina, su papá el Rey y su hogar el Castillo?

La princesa contestó como si fuera algo obvio: – Mi mamá no es la Reina, es quien me proteje, me da cariño y me cuida, mi papá es el príncipe  un hermoso caballero que nos defiende a las dos con todo el amor, amor tan grade que nos rodea a las dos juntas y esto no es un castillo, es donde ese amor, cuido y protección se mantiene, es como tu casa, que fue mi hogar mientras tu hacías el trabajo de mamá y mi príncipe papá.

Dessi

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